
El regreso de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 fue el viaje más feliz en la vida de Rohullah Nikpai. En Kabul, la capital de Afganistán, no se hablaba de otra cosa. Un muchacho, entonces apenas 21 años, acababa de conseguir la primera medalla olímpica en la historia de un país maltratado por tres décadas de guerra y ocupaciones. A Nikpai le aguardaba una muchedumbre en el estadio Ghazi, donde años atrás los talibanes habían llevado a cabo lapidaciones de mujeres. Con una medalla de bronce en el cuello –ganada precisamente ante un español, Juan Antonio Ramos–, Nikpai era el héroe del país y le llovieron regalos. Hoy vive en uno de ellos, el apartamento al norte de la capital que le regaló el presidente del país.
Tres años después, ya no hay regalos, ni apenas dinero con el que preparar su asalto a los Juegos de Londres, cuya clasificación se juega esta semana Nikpai en Tailandia. En Afganistán no hay dinero para casi nada, tampoco para un hombre que con 19 años era campeón de los Juegos Asiáticos y con 21 bronce olímpico de taekwondo en la categoría de 58 kilos. La ayuda que percibe del estado como deportista de elite oscila entre los 500 y los 700 afghanis, de 8 a 11 euros...al mes. Una cifra ridícula a la vista del Primer Mundo en el que viven muchos de sus rivales, pero es que a veces ni llega el cheque. "Hago mucho por Afganistán, el gobierno debería saberlo", avisa Nikpai, que tras su histórico bronce en Pekín deseó que su hito fuera "un mensaje de paz para mi país".
En el campo de refugiados
Nikpai tiene ahora 24 años y está acostumbrado a las condiciones duras desde su niñez, a luchar sin nada en las manos. Descubrió el taekwondo a los 10 años en el campo de refugiados en Irán en el que se estableció su familia cuando huyó de la asolada Kabul en plena guerra. "Esta vez quiero ganar un oro para mi país", dice a pesar de las dificultades.
Entrena dos veces al día y le ayuda un ex taekwondista coreano. "Nunca lo tuve fácil, estoy acostumbrado, pero necesito más. Más medios y más tiempo para entrenar. Los atletas deberíamos tener ayuda. Si la hay, entrenaremos mejor y pelearemos mejor. Sólo así ganaremos medallas", concluye.
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