Al
hablar con él no parece que se está ante una estrella del deporte,
sino simplemente ante un hombre que se apasiona por lo que hace. Y es
precisamente esa determinación, revestida por su sencillez,
inculcada por sus padres, lo que hizo de Steven López un doble
campeón olímpico y cinco veces monarca mundial de taekwondo.
Este
atleta estadounidense, hijo de padres nicaragüenses, volvió al país
junto a su hermano mayor y entrenador Jean, junto a quien desea
servir de inspiración para los jóvenes nicaragüenses.
Después
de ganarlo casi todo, a Steven solo le queda disfrutar de este
deporte hasta que su físico lo permita y asegurar dejar un legado no
solo en su familia, sino en cada joven al que pueda enseñar.
¿Qué
significa para ustedes volver al país y compartir conocimientos con
los jóvenes?
Me
da mucha alegría y me siento orgulloso de regresar a Nicaragua, que
es el país donde nacieron mis padres. Y para mí, Nicaragua tiene un
lugar especial en mi corazón, es parte de mí, me ha hecho lo que
soy, el campeón que soy y es más especial dar, hacer o decir algo
que pueda servir de motivación para los niños de Nicaragua y
decirles que como nosotros lo hicimos (triunfaron) ellos lo pueden
hacer también, eso es lo que yo quiero dejar.
¿Qué
puede enseñar a un muchacho, para que quizás pueda acercarse a sus
logros?
Ehmm,
osea, yo le puedo decir (enseñar) técnicas o si trabajo esto o
aquello, pero yo creo que lo más importante es la mentalidad, es el
esfuerzo, su espíritu, fe en Dios, creer en ti mismo, y yo creo que
eso es lo que yo le puedo enseñar a una persona, qué clase de
mentalidad necesitas para ser campeón. Hay tiempos en que yo me he
ido a competencias y pierdo, pero me siento feliz, porque yo hice
todo lo que pude y me siento como campeón; y a veces gano pero no me
siento bien porque no hice un buen trabajo, sí gané, pero no hice
un buen trabajo. Esa es la perspectiva que yo le puedo dar y enseñar
a jóvenes, que nunca pierdes si lo dejas todo ahí, si lo entregas
todo, si pones cien por ciento. Nunca pierdes, porque cada vez uno
está creciendo como un humano, y para mí el taekwondo es una parte
de mi vida pero no es mi vida.
¿Qué
cree que se necesita para mejorar en el taekwondo?
Honestamente
tienen mucho talento y creo que tienen ética de trabajo, ellos lo
tienen. Y cómo yo deseara poder escoger a uno y otro y llevármelo
para que ellos puedan ser campeones. Lo que ellos necesitan, creo yo,
es infraestructura para que puedan crecer, sí, porque uno puede
tener el talento y la mentalidad, pero si no hay dirección, se
pierde y por eso estamos acá con el apoyo de la Embajada de Estados
Unidos, para ver si podemos llegar a hacer un plan o planificar algo
para que ellos puedan sobresalir o por lo menos darle inspiración o
motivación.
¿Cuánto
ha influido en usted la cultura nicaragüense?
La
comida, el gallo pinto (ríe). Creo que más que nada mis padres me
enseñaron que para ser exitoso se tiene que trabajar fuerte, pero no
solo eso, me han dado la perspectiva de que las cosas son difíciles
y ellos siempre me dicen: ‘En Nicaragua así son las cosas’. Y
eso me hace apreciar más lo que yo tengo viviendo en los Estados
Unidos. Mi papá era muy pobre y con esa mentalidad me ha hecho una
persona fuerte. Nosotros entrenamos en el garaje, con aceite en el
piso, hoyos en las paredes y con esa mentalidad de que no importa qué
tú tienes (y) dónde entrenas. Que lo más importante es la
mentalidad y si tienes el corazón para practicar fuerte. Eso es lo
que mis padres me han dado, además de la fe en Dios y creer en mí
mismo.
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Steven y su hermano Jean imparten clínicas en Nicaragua Foto; LA PRENSA/ MAYNOR VALENZUELA |
Todos
los deportes requieren disciplina, ¿esas enseñanzas tus padres te
la dieron?
Y
especialmente siendo hispanos en Estados Unidos. Nosotros somos la
primera generación de americanos en la familia, pero mi primer
idioma era el español, mis padres no hablaban inglés en ese tiempo
y ellos siempre me dijeron: ‘No puedes ser igual que los demás,
tienes que se mejor’. Y mi mamá siempre me dijo que no importa lo
que hacés, escoge lo que te gusta y sé el mejor. Ella me daba un
ejemplo: ‘Si vos limpiás la escuela, sé el mejor en eso’. Yo
escogí, el taekwondo.
Ahora
es difícil ver esos valores en las familias…
Para
los hispanos, los nicaragüenses, la familia es algo muy importante.
En este tiempo hay muchas distracciones y para nosotros esto es algo
que hacemos juntos, como familia, con mucho amor y creo que por eso
pudimos llegar a este lugar. Es difícil llegar a ser campeón
olímpico, campeón mundial, pero cuando yo tengo a mis hermanos, que
están ahí con la misma meta, a veces yo no me siento bien y ellos
me empujan y yo los empujo a ellos.
Un
gran apoyo…
Sí,
y quién mejor que tener a tu familia que te apoya. Cuando yo peleo
con mi hermano como mi entrenador, yo siento que somos dos contra
uno, porque yo confío mucho en él, desde que yo nací él sabe qué
decirme para que yo pueda ir con toda la confianza para ganar.
¿Los
excesos de confianza de hermanos no les afectó en su relación de
entrenador y atleta?
Claro
que sí, especialmente cuando tenía 14, 15 o 16 años. Yo pensaba
que lo sabía todo y mi hermano mayor me estaba diciendo todo, qué
tengo que comer, cuánto voy a practicar, y a veces era difícil al
ser un adolescente. Pero lo más importante en la familia es el
respeto y yo tengo mucho respecto hacia él como hermano mayor, como
mi entrenador, y cuando voy a practicar en el gimnasio él es mi
entrenador, no mi hermano mayor.
¿La
relación en el deporte les ayudó en la relación de hermanos?
Sí,
sí. En estos día es difícil que todo el mundo llegue a la mesa a
cenar juntos y nosotros como familia hemos llegado a hacer el equipo
olímpico juntos, a desfilar en la ceremonia de apertura de las
olimpiadas juntos. Qué orgullo ver a la izquierda y tengo a mis dos
hermanos, a mi derecha mi hermana y sabiendo que en el público están
mis padres y eso es un milagro. Para una persona hacer el equipo
olímpico es difícil, dos, tres, cuatro, es un milagro y creo que
por el amor, disciplina, esfuerzo, mentalidad, fe en Dios, lo hemos
hecho.
Usa
la palabra milagro, pero influyen mucho los conocimientos de su
hermano Jean ¿dirías que encontró la clave para hacer de los tres
unos atletas exitosos, siendo diferentes el uno del otro?
Él
es un genio (de la manera de) cómo maneja a todos sus atletas,
porque no puede entrenar a todos igual, porque mi personalidad es
diferente a la de mi hermano o mi hermana, y así es con todos sus
atletas. Tal vez con mi hermana él necesita animarla más, conmigo
yo no necesito emoción, solo dime qué tengo que hacer y eso es
todo, muy simple.
“Cada día que yo amanezco le doy gracias a Dios, porque hay muchas personas que no pueden caminar, que no ven y yo creo que lo que yo hago o trato de hacer cada día es apreciar la vida, apreciar lo que tengo” Steven López,taekwondista
¿Su
entrega los motivó?
Él
entró al equipo nacional cuando tenía 17 años y naturalmente
nuestra familia es muy competitiva, y yo pensé, él lo hizo a los
17, soy de la misma sangre, yo lo puedo hacer de 15 o 16 y lo hice
cuando tenía 15 y desde ese tiempo he estado en el equipo y ahora
tengo 36. Después Marck y Diana también.
¿Qué
es lo más difícil que ha enfrentado como atleta y con sus hermanos?
Tendría
que explicar que mi mamá se quedó en casa y hace todo para
nosotros, mi papá trabajaba 12 o 13 horas diarias para apoyarnos, y
yo miraba eso, cuánto trabajaban para mí, y yo tenía que hacer mi
trabajo, dar lo que podía en este deporte. Es un deporte de
contacto, me he quebrado acá, cirugía, cirugía, cirugía (señala
seis cirugías entre sus dos manos y antebrazos), así es este
deporte, te vas a lastimar. Como familia creo que lo más difícil es
ver pelear a mis hermanos, me pongo ansioso, nervioso, porque no
estoy en control y lo único que puedo hacer es rezar por ellos.
¿Cómo
enfrenta la derrota después de tanto éxito?
Tengo
amigos que después que gané las dos medallas de oro en las
olimpiadas y dos en los mundiales me dijeron: ‘Steven, ya retírese
mientras está en el Top, porque es mejor así’. Entiendo sus
pensamientos, porque no sé si la próxima vez voy a ganar, voy a
perder, pero para mí esa es una mentalidad de miedo. Yo nunca pienso
que voy perder, pienso que voy a ganar y eso es lo emocionante de
este deporte, de cualquier deporte, que sí se puede perder y se
gana. Dios nos da poca vida físicamente para ser el mejor en el
mundo y yo voy a gastar mi talento hasta el último momento. Gane o
pierda, yo me puedo ver al espejo porque sé que hago todo lo que
puedo para ganar, lo demás no me importa.
Pero,
¿ha pensado cuándo será ese momento de retirarse?
Sí.
Cuando empecé creí que en el 2000 iba a ser mi primera y última
olimpiada, pero cuando gané era algo especial y quería tratar de
sentir esa emoción otra vez, por eso volví en 2004 y 2008 y 2012 y
aquí estoy casi 16 años más tarde, todavía tratando de sentir
eso. No quiero decir que esta es mi última (olimpiada), uno nunca
sabe. Creo que si Dios quiere hago este equipo y ya podría ser la
última.
Después
de tanto tiempo practicando un deporte, ¿cómo se ve fuera de él?
Yo
creo que transición natural es ser entrenador. Siendo atleta yo creo
que se tiene que ser egoísta, porque todo es lo que tú tienes que
hacer y lo que tú necesitas para ser el mejor. Siendo entrenador, tú
forjas a otros para que ellos puedan llegar a sus metas y yo creo que
si tú no puedes ser más atleta y si te retiras, te va satisfacer
dando el esfuerzo hacia los jóvenes, para que ellos puedan llegar a
ser campeones.
¿Qué
has sacrificado por el deporte?
Hasta
ahora no tengo esposa, no tengo hijos, mi mamá siempre me dice:
‘Ideay Steven, qué te pasa’. Pero yo creo que esas son
dunderitas, son cositas que yo lo digo así porque todo lo que me ha
dado este deporte no lo cambio por nada. Pero sí, sacrificas
relaciones, familia, no vas a fiestas y esto y el otro. Los amigos no
entienden la disciplina, no entienden, que no puedo salir, no puedo
hacer esto o no puedo hacer el otro y con el tiempo se aburren de mí.
Pero yo creo que esos son los sacrificios, como te dije, para mí lo
hago cien veces más.
FUENTE DE LA ENTREVISTA:
LA PRENSA/ MAYNOR VALENZUELA
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