
Nancy Urraca, modelo, estudiante de medicina y Olimpica en Beijing 2008
Con el donaire de reina y un espíritu indomable, Nancy Urraca ya tiene la vista puesta en sus próximas metas: una medalla de oro olímpica y un título en el campo del saber.
Su madre Grace Urraca, nacida en Polonia, y allegados quieren también que se dedique al modelaje y que, incluso, participe en el premio nacional de belleza.
“A qué mujer no le gusta el mundo del modelaje”, declara con una sonrisa mientras acariciaba a “Picachu”, un inquieto Chihuahua que, por el momento, parece ser el dueño de su corazón.
“Después de las Olimpíadas, a lo mejor me lance, quién sabe”, subraya la campeona panamericana de taekwondo en la categoría de los 69 kilogramos.
Ya ella ha hecho pininos en ese mundo, pues cuando estaba pequeña desfiló por la alfombra roja y en el último año participó en dos comerciales televisivos como figura de una agencia de autos y de una reconocida tienda de ropas.

Sus compromisos en las aulas y en el taekwondo apenas le dan tiempo para dormir. Normalmente se levanta a las cinco de la mañana para ir a entrenar al Centro Olímpico de 6 a 8 A.M. Presurosa retorna luego a la casa para darse un baño e ir a la universidad a las nueve, desde donde sale a las cuatro.
Nancy aspira a ser doctora y ganar una medalla olímpica
“Hay día que casi amanezco estudiando. Duermo por media hora y al rato suena el despertador”, señala. Nancy --educada, sencilla y de finos modales-- sabe que el éxito no llega por correo, sino que hay que salir y trabajar duro para encontrarlo.
“Dentro de unos años me veo graduada en medicina y como campeona olímpica”, manifiesta la espigada taekwondoísta, quien los domingos saca tiempo para asisitir a la iglesia “Sólo para campeones”, donde comulga el cantautor Juan Luis Guerra.
“La medicina me gusta, sobre todo, para ayudar a las personas”, manifestó Urraca, nacida en New Jersey, Estados Unidos, pero residente en la República Dominicana desde que tenía cuatro años.
Sus inicios
A ella siempre le gustaron las películas de Jackie Chang. Un buen día la familia iba por la avenida Félix Evaristo Morales y vio una escuela de artes marciales.
En principio hubo cierta resistencia de sus progenitores porque se trataba de un deporte rudo, pero los gritos de la niña de siete años pudieron más y la complacieron.
“Resultó que era taekwondó, pero bien pudo haber sido cualquier otra disciplina”, revela. “Me hubiese quedado de todas formas”.
De aquello ya hace un buen tiempo. Ahora no quiere más que cumplir con las metas que todavía tiene pendiente “y seguir sonriéndole a la vida”.
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